Pureza, Honestidad y Respeto hacia la Expresión de la Arquitectura.

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Etimológicamente, el termino vitruviano decoro, que a su vez deriva de la raíz verbal latina decet – del sanscrito diz – que tiene dos significados muy reveladores: El primero, esto es ; el segundo así esta bien.

La acción del decoro en la arquitectura clásica buscaba la resolución plástica exacta del detalle constructivo mediante el ornamento. Con el paso del tiempo se fue perdiendo esta condición de necesidad primera y se quedo en pura forma arquitectónica disponible para el uso, hasta anular por abuso la función original de cada elemento de la arquitectura en los casos más extremos. Pero durante este largo proceso temporal el ornamento, ha cambiado de apariencia, se ha hecho auto significante, se ha encargado de significados útiles y por eso siempre estará presente, como cita o fragmento, como protagonista, al margen del sistema originario. Y esto desde la utilización romana de los órdenes griegos a la cita elocuente del museo Guggenheim de Gehry, pasando por el Pabellón de Barcelona y el Seagram de Mies, Villa Savoye y Ronchamp de Le Corbusier.

GOTTFRIED SEMPER: LA TEORÍA DEL REVESTIMIENTO
OTTO WAGNER: ARQUITECTURA COMO REVESTIMIENTO
ADOLF LOOS: EL DELITO DEL ORNAMENTO

1. PRESENCIA Y FIGURA

Descubre tu presencia y mátame tu vista y hermosura mira que la dolencia de amor que no se cura sino con la presencia y la figura. “Cantico espiritual”. San Juan de la Cruz.

Esta presencia y esta figura – epifanía necesaria del amado, vista y hermosura reclamada por la mística exaltación de estos versos – siempre me han parecido una bella analogía para entender la peculiar forma de manifestarse la arquitectura como tal: arte ciencia de construir espacios habitables y estéticos para el hombre. Desarrollar que han significado, que significan hoy esta presencia y esta figura en el decir de la arquitectura es la pretensión de este ensayo. Una presencia conectada con esas forma de dentro que parecen sostener la aparición de la arquitectura más allá de estilismos y modas, una figura expresión temporal concreta de esa apariencia como mascara necesaria. Una presencia que es fruto de la acción del decoro, carácter y una figura determinada por el ornamento – instrumento de esa misma acción – a moda de corteza albertiana, revestimiento eficaz que caracteriza para siempre a la arquitectura como arte civil por excelencia.

Tendrá sentido hablar, en un mundo dominado por la exaltación tecno-científica y de imágenes perenes, de cuestiones tales como decoro, ornamento y carácter, es decir, en suma sobre la posibilidad de una presencia y figura tan significativa para la arquitectura hoy y ayer y será para mañana. En definitiva ¿cómo aparece hoy la arquitectura? Tras esta pregunta se esconde en realidad algo tan insoslayable como evanescente a veces: LA APARICIÓN DE LA BELLEZA, TAN REAL Y PRESENTE EN LA ARQUITECTURA COMO LA FUNCIÓN O CONSTRUCCIÓN.

Podemos convenir que la arquitectura, se origina en el asombro provocado por el poder de la construcción y también que la acción del decoro busca representar emblemáticamente esta asombro, desde la primera cabaña que el hombre construyera. Así, está apariencia de lo concreto desde lo general –la representación de un tipo– a lo más concreto –una columna, una ventana, una puerta, un muro…– y su traducción, a través de la materia, en operaciones sensibles capaces de describir, expresar qué es y cómo es cada arquitectura concreta, en el campo de trabajo de la acción del decoro y su instrumento, el ornamento.

La paradoja de la apariencia

Las expresiones, esto es y así está bien, que, etimológicamente provienen del término decoro, indican ya la paradoja encerrada en el término. Por un lado la acción del decoro muestra el objeto arquitectónico – esto es – y por el otro lo cualifica –así esta bien – en término de adecuación a su función, urbano, simbólico etc. Pero en la medida que exhibe algo que hace aparecer como característico también oculta, enmascara algo que, aunque perteneciente al edificio, queda, por elección interesada en un segundo plano: no aparece, no se muestra, es un fondo para ese primer plano. Esta doble capacidad de mostrar – aparecer – y de ocultar a un tiempo – no aparecer – marca el carácter ciertamente ambiguo y contradictorio que preside todo el desarrollo histórico del termino decoro y su conexo, ornamento – acción del decoro -; por eso hablar de acción del decoro es tanto como hablar de presencia de la arquitectura, como representación eficaz de la misma y de la figura, como composición caracterizadora conexa a esa representación.

Presencia y figura, dos tiempos consecutivos e inseparables de esta acción del decoro. Presencia que sostiene todo, atendiendo a lo esencial, y figura que caracteriza y cualifica esa imagen final de la arquitectura, portadora de mil sugerencias y expresiones.

Gilberto Perez-Bautista.

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